Objetivo General 

Crear un ambiente que, a través de acciones educativas, favorezca la formación integral de las personas con quienes estamos comprometidos de acuerdo con los valores evangélicos característicos C.C.V.I., que permitan la transformación de la realidad social y extensión del Reino.

 

Objetivos Específicos 

  • Vivir,  transmitir los principios C.C.V.I.

  • Velar para que las instituciones C.C.V.I. mantengan un alto nivel evangelizador, formativo, académico y cultural.

  • Promover la formación y actualización de las Hermanas y laicos involucrados en la tarea educativa.

  • Atender a las necesidades pastorales, técnico-pedagógicas y administrativas de las Escuelas C.C.V.I.

  • Promover que cada institución C.C.V.I. los maestros, alumnos, padres de familia, personal administrativo y de intendencia, formen una auténtica comunidad cristiana evangelizadora, constituyéndose en agentes de cambio en la sociedad de hoy.

  • Realizar una Pastoral Educativa que en las verdades y valores del Evangelio y en la praxis eclesial, comprenda y responda a las demandas educativas del pueblo de Dios y del hombre de México.  

  • Promover  la justicia social cristiana y la liberación evangélica por medio del testimonio de vida y de liderazgo.  

  • Enfocar el Ministerio de Educación con profundo sentido de Misión, una conciencia crítica, una perspectiva amplia y una dimensión eclesial.   

 

Misión

Educar en un marco de promoción de la dignidad, de la libertad, de los valores humanos y trascendentes, actualizar el amor misericordioso del Verbo Encarnado; a través de medios óptimos y pertinentes, que nos conduzcan a la formación integral de la persona, conciente de las necesidades de su entorno y comprometida en ser un agente de cambio, líder servicial que construya una sociedad mejor y más humana.

Nuestra misión es promover la dignidad de la persona como hijo de Dios, en nuestros alumnos y los que formamos la comunidad educativa; mediante el desarrollo de valores, virtudes, hábitos y actitudes, el dominio de las herramientas esenciales para el aprendizaje y la adquisición de conocimientos teórico-prácticos, a fin de que; conscientes y responsables de su autoformación, cultiven sus facultades espirituales, intelectuales, volitivas, creativas y participen en la sociedad con espíritu de servicio. Por lo que también estamos comprometidos con la promoción de la excelencia académica.

 

Filosofía

La filosofía del Colegio Mexicano está enraizada en el misterio central de la fe cristiana: la Encamación. Cuando el Hijo de Dios se encarnó en la persona de Cristo Jesús, reveló el amor misericordioso de Dios, dando a la historia de la humanidad un nuevo significado y dirección. Es así que concebimos como nuestra labor, el extender esta espiritualidad a través de la historia, haciéndolo de manera concreta en el mundo de hoy.

Himno al Verbo Encarnado   escuchar

Somos hijos del Verbo Encarnado

¿Hay acaso nobleza mayor?

invoquemos su nombre sagrado,

y entonemos un himno en su honor

y entonemos un himno en su honor.

* * *

Verbo Eterno, tus hijos amantes

a ti claman con férvido anhelo

y elevan los ojos al cielo,

esperando les muestres tu faz.

* * *

Sus plegarias acoge benigno,

y a sus ruegos inclina tu frente

y de gracias copioso torrente,

en sus almas derrama, Oh Señor.

Somos hijos del Verbo Encarnado...

* * *

Corazones a ti consagrados

y que tienen como único anhelo

extender tu reinado en el suelo,

que por patria nos diste Señor

* * *

Son oh Cristo, las huestes triunfantes

que a tu nombre su vida ofrendaron

y en la lucha gloriosos clamaron:

¡Gloria, Gloria para ti, Rey Inmortal!

Signos y Símbolos

Abreviaturas

L.V.I

C.C.V.I.

 

Laudetur Verbum Incarnatum

Alabado sea el Verbo Encarnado

 

Congregatio Sororum Caritatis Verbo Incarnato

Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado.

 

Escudo

       

 

 

Lámpara   luz a la que las hermanas tratan de llevar a los alumnos.

Libro   un medio para llegar a la luz

 

 

Flor de Lis    Señal de la elección de Dios y nos recuerda que Él escoge a su pueblo y bendice   sus esfuerzos.

 

Saludo

  • ¡Alabado sea el Verbo Encarnado!    Para siempre amén.

 

Colores

  • Rojo         El amor misericordioso que, a ejemplo de Jesús, estamos invitados a vivir.

  • Blanco    La divinidad de Jesús y la invitación a vivir como hijos de Dios en actitud de escucha a su voluntad y de alegría y generosidad en el servicio a nuestros hermanos.

 

 
  Historia

Al ser expulsadas de México las religiosas en el siglo XIX, la educación cristiana en nuestro país sufrió una crisis y decayó considerablemente. Las familias se encontraron deseosas y necesitadas de nuevas soluciones y de personas que ayudaran principalmente en la educación cristiana

Fue así que Don Jacinto López Romo, Obispo de Linares, en el año de 1887 gestionó la fundación de un colegio para la ciudad de Monterrey, N.L. En ese tiempo se encontraba desocupado el edificio que fuera el “Colegio de las Niñas” de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, desterradas por disposiciones de las leyes de Reforma. El local ofrecía toda clase de comodidades para servir una vez más como colegio de niñas.

El prelado se dirigió a la Reverenda Madre Saint Pierre, Superiora General de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, suplicándole que le concediera una comunidad de hermanas que viniera a Monterrey a iniciar una misión educativa

La Reverenda Madre Saint Pierre designó al grupo de hermanas que serían las fundadoras del Colegio San José. Ellas fueron: Sor Francisca Simpasteur (Superiora), Sor Gabriela, Sor Agatha, Sor Casimir y Sor Mónica Montes de Oca

El Colegio San José estaba situado al oriente de la ciudad, abarcando las calles de Abasolo, Mina (antes Calle del Colegio de las Niñas) y Ocampo. El edificio era bastante amplio; perfectamente acondicionado

El plan de estudios era de 10 años; 6 de primaria y luego los años clásicos así llamados (7º, 8º, 9º y 10º). Al terminar se hacía la ceremonia de graduación con traje blanco y una corona de olivo en color dorado en la cabeza

El colegio tenía la opción para alumnas de paga, y los niños que no podían pagar ninguna cuota, ingresaban a la llamada "Escuela de Gracia".

A continuación citamos un testimonio de aquellos tiempos: “El colegio particular más importante en el dominio de la educación secundaria fue el San José, manejado por Hermanas del Verbo Encarnado” (Los Orígenes de la Industrialización en Monterrey 1867-1920. Isidro Vizcaya Canales. Librería Tecnológico, S.A. Monterrey, N.L. México 1971 pag. 105).

Este estado, que podríamos llamar de esplendor, fue interrumpido de manera intempestiva por la llegada de los carrancistas a Monterrey el 20 de abril de 1914

Al final del patio grande del colegio, se cruzaba la esquina de Abasolo con el Río Santa Catarina que generalmente estaba seco. En este río, seco entonces, se parapetaban los soldados del General Carranza

Los soldados del Ejército Federal tenían el cuartel por la calle de Abasolo cruz con Mina, es decir, en contra esquina del colegio, de modo que entre los carrancistas y los federales sólo quedaba la cuadra que abarcaba el frente del colegio

A pesar de los tiroteos frecuentes, el Colegio San José para niñas y señoritas, nunca se cerró. En el colegio quedaban siempre unas cuantas hermanas valientes y confiadas en la Providencia, que abrían el colegio para que las niñas acudieran a tomar sus clases cuando la ciudad estaba en clama

En el año 1921 la Superiora del Colegio San José era la Madre Mary Clare Cronly. Pronto la Madre Mary Clare es sustituida por la Madre Herminia y cuando en 1926 comienzan aquellos tiempos tan calamitosos y de exigencias fuertes para las Instituciones educativas, junto con la persecución religiosa, la Madre Herminia se lanza en busca de un gran elemento seglar y lo encuentra en la persona de la señorita Mercedes Flores, quien acepta colaborar al lado de las Hermanas, apareciendo como inquilina de la casa. Asume la Dirección oficial del colegio y desempeña su cometido con suma eficiencia haciendo frente a los grandes y pequeños problemas que se le presentan. Se le cambia el nombre al colegio y desde esa fecha se le denominará Colegio Mexicano.

En 1928 entregaba su responsabilidad a la Madre Loyola Coindreau, quien también puso todo lo que estuvo de su parte para continuar llevando adelante los destinos del colegio en su tierra natal.

En el año 1934, siendo Presidente Lázaro Cárdenas, se implantó en los colegios la enseñanza socialista, significando una nueva lucha para las instituciones educativas cristianas

El año siguiente hizo el Presidente Cárdenas una visita a Monterrey y estando allí lo entrevistó un grupo de agraristas, pidiéndole el edificio del Colegio Mexicano para ocuparlo ellos

Era el mes de marzo de 1935, e inmediatamente toda la comunidad se activó buscando casa para la Academia de Comercio, con cuyo nombre aparecía en los registros oficiales, ya que la primaria funcionaba en pequeños grupitos escondidos en diferentes casas y sólo unas cuantas Hermanas y las alumnas internas vivían allí

Sor Juana Cristina llegó a Monterrey el 13 de diciembre de 1936. La situación de nuestro querido colegio era demasiado difícil. La Academia de la señorita Flores era la única que existía válidamente. Se rentaban algunas casitas aquí o allí, para el internado, y los grupos. Todo bajo un gran riesgo y en peligro de ser descubiertas

En 1940 ya se presentaron tiempos mejores, pues se obtuvo la incorporación de la primaria y la secundaria a la Secretaría de Educación Pública del Estado de Nuevo León; a la Academia Comercial se añadió la carrera de Secretaria Bilingüe

Un poco más adelante, bajo el cuidado de Sor María de la Paz Ambia, quién además de sus amplios conocimientos poseía los documentos indispensables para ser nombrada Directora; también se logró la incorporación del Bachillerato a la Universidad Nacional Autónoma de México

En 1943 se designó como Directora del Colegio Mexicano, por segunda vez, a la Madre Marcelina Cantú Cárdenas, quien despliega su amor y entusiasmo para llevar adelante su gran responsabilidad. Durante su gestión se instaló el colegio en dos casas rentadas una frente a la otra, por las calles de Padre Mier y Mina, teniendo una para la Comunidad y el internado y en la más grande se encontraba el colegio con las secciones de Jardín de Niños, Primaria, Secundaria, Bachillerato y Comercio en Inglés y Español

Una de esas construcciones se derrumbó. Allí se encontraba la Hermana María de la Paz, quien lamentablemente falleció

El accidente sufrido llenó de preocupación a la comunidad. Por lo que se pensó construir un edificio más adecuado y seguro para todos. Gracias a la Providencia Divina, muchas personas fueron generosas y apoyaron la obra

En 1946, la señora Angelina Quiroga de Treviño anuncia que está dispuesta a ceder para dicha construcción, una propiedad que tiene en San Jerónimo  que junto con otro lote de su hija. Sor María del Verbo Encarnado, serían la base para la construcción

Don Jorge Sada Gómez tuvo bajo su dirección y vigilancia la total construcción del edificio

El Colegio Mexicano inició sus clases en el edificio actual en el año de 1951

 

 Anécdotas

En el año 1934, siendo Presidente Lázaro Cárdenas, implantó en los Colegios la enseñanza socialista, trayendo nueva lucha a más de las que ya se tenían y un nuevo elemento a la política sectaria de aquel Presidente.

Apenas supo la Rev. Madre Bonaventure las nuevas dificultades que se presentaban a la educación, se vino rápidamente a México, llegando primero a Monterrey; allí les dijo a las Hermanas:

—Ya le dije al Verbo Encarnado que si alguna de mis hijas entra a la cárcel, a to­das me las llevo inmediatamente.

La Madre Superiora contestó:

—Tenga la seguridad, Reverenda Madre, que ninguna de nosotras entrará a la cárcel, pues el Verbo Encarnado nos quiere en la brecha.

Cuando entró a la pieza en donde se tenía el Santísimo lloró amargamente, al ver que en un costurero se ocultaba al Rey de los Cielos y pensando que así estaría en to­das nuestras casas; pues la ley era terminante, abarcando Jardín de Niños, Primaria y Secundaria.

Indudablemente la Reverenda Madre pidió al Verbo Encarnado no se diera la ocasión de que a ninguna de las Hermanas la llevaran a la cárcel y su oración fue escucha­da, pues varias religiosas de otros Institutos fueron a la cárcel y aún a las Islas Marías y a las Hermanas solamente sustos les tocaron. ¡Cuántas gracias le debemos dar al Verbo Encarnado por la protección con que las guardó!

Sor Juana Cristina Rodríguez que dirigió este Colegio (1936-1942), nos dejó por escrito sus valiosos recuerdos llenos de anécdotas interesantes. Apuntaremos algunas cuantas para que nos ayuden a entender, un tanto, algo de aquellos tiempos aciagos en que podemos descubrir al mismo tiempo el heroísmo de las Hermanas al seguir ade­lante con la obra educativa de tantas niñas y jóvenes; así como el ansia de cultura cristiana y de formación espiritual que había en las familias, y cómo pasaban dificultades y se acomodaban a lo que se les podía ofrecer.

“Llegué a Monterrey el 13 de diciembre de 1936. La situación de nuestro querido Colegio era demasiado difícil. La Academia de la señorita Flores era la única que existía válidamente. Rentábamos algunas casitas aquí o allí, para el internado, y los grupos. Todo era un gran riesgo y peligro de ser descubiertas. En el año de 1937 nuestra situación era muy difícil. Pasábamos muchas pobrezas e incomodidades, pero así trabajamos todo el año; pudimos terminarlo solamente con la Academia y 6o. año. Para el año siguiente pensamos establecer todos los grupos de Primaria en casas particulares. La Divina Providencia que siempre nos ha protegido, nos facilitó varias casas aun cuando muy distantes unas de otras”.

Jaurías de Inspectores cardenistas se movían por todas partes persiguiendo escuelas clandestinas, cuyo único delito era educar. El grupo de 6o. año se quedó en la casa del internado. Esta casa se comunicaba con la que las Hermanas ocupaban y en la que vivía con ellas Jesús Eucaristía. No tardaron unos malos vecinos en denunciar al grupo, así que pronto se presentaron los Inspectores. Cuando la portera le llevó la noticia a la Madre Juana Cristina de que estaban los visitantes, se fue inmediatamente a decirle a Sor Ma. Antonieta Legorreta —que era la maestra del grupo— que saliera con las niñas por la casa de las Hermanas y se fuera a Catedral, pero que lo hiciera rápido y sin ruido.

En seguida se fue la Madre a atender a los señores, quienes dijeron:

—Somos Inspectores Escolares y por el movimiento que se ve en esta casa, nos parece que existe aquí una escuela clandestina.

La Madre con toda calma y precisión les dijo:

—Tienen ustedes mucha razón en creer eso, pero el movimiento de niñas que se ve, es porque yo tengo aquí un pequeño internado y las niñas salen a sus clases y regresan aquí.

Los inspectores preguntaron:
     —¿A qué escuela van sus internas?

—Van a la Academia de la señorita Flores, que está ubicada en la casa No. 2309 de la calle Hidalgo. (Siendo esto realmente verdad, pues allá iban algunas de sus internas.)

En ese momento llegaron las internas por sus velos, pues tocaba junta de Acción Católica en la Catedral. Entraron, saludaron cortésmente, tomaron sus velos con cautelosa prudencia y salieron despidiéndose.

La Madre se dirigió a los visitantes diciéndoles:

—Ven ustedes, señores, éstas son mis internas.

—Y ¿A dónde van?

—Yo no sé, ellas están libres hasta las 6 de la tarde, al llegar paso lista y nunca me falta ninguna; esto lo hago para hacerlas responsables de sus actos. Ahora señores, si ustedes gustan, pasen a ver la casa.

—No, señorita, muchas gracias, ya vimos que solamente hay hileras de camas.

—Sí, señores, realmente eso tenemos.

Pasó el primer susto y ellos se despidieron. Para evitar otro incidente, la Madre pensó que sería mejor poner el 6º año en donde estaba la Academia de Comercio; era una casa de dos pisos con salones suficientes, ahí era lo que llamaban la Academia de la señorita Flores. Realmente estaba bajo su cargo, ayudada de la señorita Adelaida Botello, quienes no aceptaron sueldo alguno mientras las Hermanas estuvieron en situa­ción precaria y difícil. El Verbo Encarnado les pagará grandemente su abnegación.

Se pasó el 6º año allí como se había pensado. Ya habían pasado un buen tiempo llenas de tranquilidad, parecía que los señores ya se habían olvidado de ellas, pero no fue así; un buen día llegaron los inspectores a la Academia. El 6º año era el cuerpo del delito, y también unos libros que les tenían guardados en su casa las señoritas Ló­pez Zambrano, y como se cambiaron de casa mandaron los libros, pero en lugar de enviarlos al internado lo hicieron a la Academia, dejándolos en el pasillo. No había tiempo que perder y entonces, las alumnas del 3er. año de Comercio ayudaron a qui­tarlos rápidamente, echándolos a un cesto grande que había en el baño. Entre tanto, la señorita Adelaida Botello cambiaba a las niñas de 6o. año con sus escritorios, intercalándolos entre los de los tres grupos de Comercio. La señorita Mercedes Flores entretuvo a los señores mientras se hacía todo el arreglo. Pasaron los Inspectores a ha­cer la visita, sin sospechar siquiera que lo que ellos buscaban allí estaba.

En la casa del señor Mario González estaba Sor Adela con el grupo de 5o. año. También allí se presentaron un día los Inspectores; el mismo señor González abrió la puerta. Cuando ellos dijeron el objeto de su visita, el señor González les dijo:

—En mi casa no hay escuela clandestina, yo contraté a una señorita para que les diera clase a mis hijas; y las amigas de mi esposa le pidieron les permitiera que sus hijas también vinieran, es un grupo pequeño y en todo caso, yo soy el res­ponsable y la señorita no tiene nada que ver con esto porque yo la solicité.

—De todos modos queremos ver el grupo.

Pasaron y vieron que realmente era un grupo pequeño, pero dijeron:

—Las niñas pueden salir, pero la maestra no.

Entonces salió la señora González y después de saludar dijo:

—Señores, ni mi esposo ni la señorita son culpables, yo fui la que permití que vinieran a tomar clases, con mis hijas, las hijas de mis amigas; pero si ustedes no quedan conformes, mi primo Diputado en México resolverá este asunto. Si gus­tan, esperen un poco, ahorita me comunico con él por teléfono y que hable con ustedes.

—No, señora, no necesita usted molestar a su primo, queda arreglado todo y la señorita puede salir cuando guste. — Y se despidieron.

Pero volvamos nuevamente a lo que Sor Juana Cristina nos apunta. “Hasta aquí solamente me he ocupado de referir días tristes en los que vimos palpablemente la mano de Dios y la protección del gran Patriarca San José; pero, ¿por qué no recordar los días buenos, que también abundaron en esos seis años? Sí, muchos fueron los días de gozo y de dulzura santas que el Señor nos concedió.